01/12/2010
Tomado de
RSMLAC.ORG
Fuente: Cuadernos Mujer Salud 9. Cuerpos autónomos,
vidas soberanas. Mujeres y derecho al aborto libre y seguro. Santiago,
RSMLAC, 2004.
Por el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y sexualidad
El aborto no es un gusto es el ultimo recurso
Aborto libre y gratuitoEstas
fueron algunas de las consignas que acompañaron las plataformas de
lucha (Hoy agendas) del movimiento feminista de la década de los 70. Lo
privado es político, develó las relaciones de poder al interior del
espacio domestico y colocó aspectos de él como parte de la agenda
pública y situó al cuerpo como sujeto político.
Afirmar que la
construcción de la afectividad alrededor de la maternidad no +era parte
de la naturaleza sino que era una construcción cultural y social,
remeció los cimientos sobre los cuales descansaba el llamado destino
natural de la mujer. Reclamamos el derecho a decidir en el espacio
público (participación en la política), igualdad en el espacio
productivo (a igual trabajo igual salario), a relaciones igualitarias en
el espacio domestico e inscribimos la propiedad sobre nuestros cuerpos,
como sinónimo de ejercer la facultad de sentir placer desde nuestros
deseos, de decirle a él o a ella que no o que si y cómo.
El
cuerpo como territorio propio fue una de las grandes subversiones, ya no
eran los otros los que decidían el cuando, como y por qué, nosotras
nos dimos la facultad de negociar desde nuestros afectos, sentimientos y
deseos. Significó afirmar que ejercemos nuestra sexualidad y que
sexualidad y maternidad son dos deseos que no necesariamente se
encuentran, cuestionando el mandato del patriarcado: la mujer como
propiedad y la maternidad como destino, y de muchas de las religiones:
la sexualidad para la reproducción.
La maternidad no es un
destino inevitable sino una decisión. Es por ello que el feminismo
exigió y exige el derecho a interrumpir un embarazo en condiciones
seguras, con adecuada atención sanitaria, acompañamiento psicológico y
sin poner en riesgo la libertad individual ni el ejercicio profesional.
No es que a las feministas de pronto se nos ha ocurrido levantar una
lucha contra la maternidad, muy por el contrario defendemos el aborto
seguro y legal como derecho porque defendemos el derecho a la maternidad
segura y deseada. La prohibición del aborto, su penalización lleva a
que este se realice en condiciones de clandestinidad poniendo en riesgo
la vida de la mujer. Permite que las mujeres que tienen posibilidad de
pagar un aborto seguro no corran riesgos y quienes no cuentan con las
condiciones económicas de pagarlo tengan que recurrir a métodos que
ponen en riesgo su vida y su seguridad. En otras palabras, es una
política que claramente castiga a las mujeres pobres y que culpabiliza a
todas las mujeres y hombres que intervienen en este proceso.
El
derecho al aborto seguro contiene otra serie de aspectos fundamentales
del ejercicio de la sexualidad. El derecho a la salud y, por lo tanto, a
la atención de calidad, segura y oportuna. El derecho a la información
sobre nuestro cuerpo, métodos anticonceptivos, sexo seguro. El
derecho a decidir cuando ser madres, o a no serlo. Pero sobre todo, el
derecho a ejercer la sexualidad separada de la reproducción.
Como
coreaban las feministas mexicanas “el aborto no es un gusto, es el
ultimo recurso” y “métodos anticonceptivos para no abortar y aborto
seguro para no morir”. Reclamamos políticas públicas que garanticen la
decisión sobre la reproducción y que reconozcan que la sexualidad y la
reproducción no caminan de la mano.
A diferencia de hace treinta
años, cuando los establecimientos de salud no proveían métodos
anticonceptivos, hoy en nuestra región hay una cobertura de métodos.
Entonces, ¿nos preguntamos por qué ocurren embarazos no deseados?
Ausencia de políticas públicas de educación, salud, justicia en
sexualidad. Falla en los métodos anticonceptivos. Obstáculos para el
acceso a los métodos. Pero también es el resultado de no asumir que la
sexualidad, y la afectividad que la acompaña, son parte constitutiva de
nuestra vida. No son situaciones que se planifican. Tenemos que
hacernos cargo de nuestra sexualidad, aceptarla, protegerla, y ejercerla
como una dimensión constitutiva de nuestra identidad y no solo como el
resultado de un largo o fugaz enamoramiento, promesa de matrimonio y
divorcio consensuado.
El ejercicio de la sexualidad no es un
campo para lo normativo, sino un campo para ejercerla de forma segura,
libre. Se trata de construir las garantías legales, sociales, afectivas
y culturales que nos permitan un ejercicio enriquecedor de la
sexualidad.
Estrategias para lograr el derecho al aborto seguro
El
derecho al aborto acompañó las plataformas de lucha del feminismo en
los años 70 y parte de los 80. Posteriormente las luchas por el derecho
a la salud, a la información, a la ciudadanía, desdibujaron esta
demanda. Durante el V Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe,
en Argentina, se decide instituir una campaña por el derecho a acceder a
abortos seguros y legales.
Las estrategias que se han
utilizado han sido múltiples. Haber logrado como consenso internacional
que el aborto sea considerado como un problema de salud pública refleja
uno de los avances. Así mismo, en algunos de nuestros países se ha
despenalizado el aborto por causal, ya sea por violación, por poner en
peligro la vida de la madre o por malformaciones del feto.
Más que hacer un recorrido por las estrategias quisiera plantear algunas interrogantes desde lo recorrido.
Los
avances de la ciencia han permitido que desde hace 40 años contemos con
métodos anticonceptivos seguros pudiendo ejercer la sexualidad sin
riesgo de reproducción. Pero también el misterio que se escondía en el
útero materno fue develado con la ecografía. Las imágenes que muestran
las ecografías y que son una de las mejores herramientas con los que
cuentan los grupos antiaborto, tienen un impacto muy fuerte en las
mentalidades. Se equipara al embrión con un ser humano y se considera a
la mujer como un medio en el cual se aloja ese ser humano.
A la
base de este imaginario está la concepción que decidir procrear es un
mandato divino, que óvulo y espermatozoide al convertirse en un embrión,
este prácticamente adquiere el carnet de identidad. Las personas, en
este caso particularmente las mujeres, somos consideradas solo como
instrumentos del mandato divino sin ninguna facultad para decidir.
Los
debates sobre cuando comienza la vida nos han colocado en una trampa
porque desde el punto de vista biológico en innegable que un
espermatozoide y un óvulo tienen vida. La gran diferencia es cuando
existe un ser humano.
¿Qué se esconde detrás de elevar al embrión
a ser humano? Que la procreación es un mandato divino y no un acto
humano. Pero también se esconde el culto a una supuesta inocencia
humana como sinónimo de pureza que el ser humano conforme crece la
pierde pero que siempre la añora. En otras palabras, se esconde una
añoranza a la irresponsabilidad y un deseo de no hacernos cargo de
nuestras decisiones, de aceptar que las decisiones son mandato divino.
Esta
dimensión nos desafía a colocar el debate en otro campo, es decir, en
el campo que la mujer no es un simple medio para la procreación sino que
la procreación es un acto humano. Que el feto es un feto y no un ser
humano. Por lo tanto, estamos hablando del derecho de la mujer a
decidir.
Quien sostiene el mandato divino de la procreación en
nuestra región es la Iglesia Católica. El laicismo como propuesta
política es uno de los grandes desafíos que se nos presenta, adquiere
una gran complejidad al vivir en países con crisis de institucionalidad
donde la Iglesia Católica aparece como la única institución confiable, y
además una región donde la Teología de la Liberación ha dotado a la
iglesia de una identidad común con quienes tienen mayores obstáculos
para ejercer sus derechos. ¿Es la Iglesia Católica parte de la sociedad
civil? ¿Tiene derecho como iglesia a intervenir y opinar sobre
problemas políticos? ¿Como construir un laicismo sólido?
Dentro
del movimiento feminista muchas veces nos hemos enredado en grandes
discusiones aparentemente de principios entre legalización del aborto y
despenalización del aborto. Creo que es un falso dilema en la medida
que desgasta nuestras energías en cómo demandar el derecho y no en cómo
colocar el derecho como parte de la agenda pública. El desafío que
tenemos como movimiento es construir canales institucionalizados de
debate que expresen nuestros matices pero que no paralicen la acción
pública. Mientras nosotras debatimos si es libre, gratuito o aborto por
causal, el mundo público consolida un imaginario en el cual la causa
del aborto aparece como la expresión de la perversión y maldad de las
mujeres y no como el último recurso ante un embarazo no deseado.
Algunas de las tensiones
La
prohibición del aborto castiga doblemente a las mujeres que no tienen
acceso a recursos económicos, institucionales y afectivos. Son ellas
las que lo realizan en condiciones de clandestinidad e inseguridad para
sus vidas. Las mujeres pagamos un precio muy alto por el
disciplinamiento coercitivo de la sexualidad que se expresa en débiles
políticas sobre métodos anticonceptivos, en sanciones morales a nuestra
conducta y en la muerte por intervenciones hechas condiciones de riesgo.
En
sociedades que discriminan a la mujer, muchos de los embarazos no
deseados son consecuencia de situaciones de violencia, de violaciones e
incestos. La negación del aborto viola los derechos de las mujeres a la
libertad, la autodeterminación y la integridad física.
Muchos
sostienen que el aborto pone en conflicto los intereses del feto y los
de la mujer. Esta afirmación equivale a equiparar los derechos de un
ser humano con los de un posible ser humano. Como sostiene Mary Anne
Waren “Como organismo vivo aunque no sensible, el feto del primer
trimestre no es todavía un ser con interés en seguir vivo. Al igual que
óvulo sin fecundar, puede tener el potencial de convertirse en un ser
sensible. Pero esto significa solo que tiene el potencial de
convertirse en un ser interesado en seguir vivo, y no que ya tenga tal
interés…en la práctica es imposible conceder derechos morales iguales a
los fetos sin negar los mismos derechos a las mujeres”. Este dilema se
mueve equiparando los derechos, la sensibilidad, el raciocinio de ser ya
formado versus la potencialidad de un posible otro. Las mujeres que
quedan embarazadas son ya personas a diferencia de los fetos.
Debemos
develar la doble moral que se esconde detrás de las leyes que penalizan
el aborto, la complicidad con la muerte de mujeres como consecuencias
de abortos clandestinos e inseguros. La exclusión de mujeres sin
recursos económicos e institucionales para acceder a abortos seguros y,
por lo tanto, la sentencia a las mujeres pobres de poner en riesgo su
vida o de tener hijos no deseados.
Hay que hacer un recorrido por
nuestros sentimientos porque muchas veces expresan de forma abierta o
velada una dificultad para tratar el tema en el espacio público.
Tenemos que generar información con impacto en la opinión pública y
crear debate a través de la generación de conocimiento confiable. La
labor de persuasión y convencimiento a los decisores de políticas tiene
que ir acompañada con la creación de un movimiento que sostenga esta
propuesta ciudadana.
No debemos mediante el silencio convertirnos en cómplices de la muerte de miles de mujeres.
*
La autora, feminista peruana, tuvo a su cargo la Coordinación Regional
de la Campaña 28 de septiembre por la despenalización del aborto en
América Latina y el Caribe. Integra el Centro de la Mujer Peruana
“Flora Tristán”.