1 de mayo de 2012

Corte Suprema de Oklahoma declara inconstitucional proyecto de ley sobre personalidad jurídica

El Centro de Derechos Reproductivos nos informan que la Corte Suprema de Oklahoma declaró por unanimidad 'claramente inconstitucional' una propuesta de referendum/consulta electoral, y por tanto no será incluida en las elecciones de noviembre, con el fin de incluir en la palabra 'persona' a los huevos fertilizados.  La iniciativa para enmendar la constitución podía tener el efecto de prohibir todo tipo de aborto, muchos métodos de anticonceptivos y amenazaba la disponibilidad de tratamientos de fertilización. 
---------------------------------------------------------------------------------

Oklahoma Supreme Court Rules "Personhood" initiative "clearly unconstitutional" 





The Oklahoma Supreme Court ruled unanimously today that a proposed ballot initiative to define a fertilized egg as a person was “clearly unconstitutional” and cannot be added to the state ballot in November.

Initiative Petition 395 (State Question 761) was challenged in a lawsuit filed last month by the Center for Reproductive Rights as lead counsel, the American Civil Liberties Union, and local Oklahoma partners. The initiative aimed to effectively ban all abortions and many types of birth control—and severely threaten fertility treatments such as in-vitro fertilization.


Said Nancy Northup, president and CEO of the Center for Reproductive Rights:


“In this case, the Oklahoma Constitution said it best: It is not acceptable to propose amendments that are ‘repugnant to the Constitution of the United States.’
“This amendment would have run roughshod over the fundamental, constitutionally protected reproductive rights of all Oklahoma women. In affirming our request to strike it down, the court has struck a powerful blow against the repugnant tactics of those who seek to vote down the rights of others, and to enshrine their hostility to women’s lives, health, and rights in the laws of the land.”
The Center for Reproductive Rights brought the lawsuit on behalf of Oklahoma physicians who provide a range of reproductive health care to women in Oklahoma—including contraceptives, abortion care, prenatal care, and infertility treatment— as well as individual women who would have been affected by the amendment.  
The Center filed the suit, In re Initiative Petition No. 395, State Question No. 761, with Michelle Movahed as lead counsel, along with Talcott Camp of the ACLU Foundation; Anne Zachritz and Chelsea Smith of Andrews Davis, P.C.; Martha Hardwick, Hardwick Law Office; and Ryan Kiesel of ACLU-Oklahoma Foundation.


publicado en http://reproductiverights.org/en/press-room/oklahoma-supreme-court-rules-%E2%80%9Cpersonhood%E2%80%9D-initiative-%E2%80%9Cclearly-unconstitutional%E2%80%9D

15 de abril de 2012

Having an abortion when no one called me a slut (Nadie me llamó “slut’’)


Por: Susan Heath
14 de abril de 2012

[Esta entrada es una traducción nuestra al español de una columna de opinión "No one called me slut" publicada en el NYTimes y que puede conseguir aquí]

Hace dos semanas, una bomba explotó a las  afueras de  un centro de abortos en Wisconsin.  En años recientes, varios estados han aprobado o intentado aprobar leyes requiriendo  a mujeres exámenes médicos antes de practicarse procedimientos médicos legales protegidos constitucionalmente. Una joven fue llamada ‘slut’ luego de testificar a favor de la cobertura por los planes médicos a métodos anticonceptivos. Estos son sólo algunas de las historias sobre ataques recientes al derecho a decidir de las mujeres. 

Pero esto no fue siempre así. Esta es una historia sobre cómo era antes:

Es 1978, cinco años luego de Roe v. Wade. Tengo 38 años y cuatro hijos, el mayor con 17 y el menor tiene 12 años de edad. Estoy haciendo un bachillerato en la universidad y me encanta.

Tengo dos meses y medio de embarazo.

No quiero este bebé.

Tengo una familia, una familia grande. Amo a mis hijos con pasión, pero no quiero uno más. Estoy completamente segura de eso. Tengo otras cosas que hacer y sé que no podría ser una buena madre para un quinto hijo. Me encantan los bebes recién nacidos, su delicadeza, la curva de sus pequeños dedos sobre los míos, pero lo mejor de ellos ahora es que son de otras personas.  Ya no quiero tener que criarlos, alimentarlos y ser la responsable de ellos.

No quiero este bebé. 

Estoy de camino a Planned Parenthood para practicarme un aborto legal. Mi esposo está guiando el auto para allá. Esto es un asunto muy importante para ambos, pero estamos completamente de acuerdo en que al final es mi decisión.  Hemos estado utilizando métodos anticonceptivos adecuadamente, pero nos fallaron esta vez.

Estoy embarazada pero no atrapada. Todo lo que tenía que hacer era llamar a la clínica y pedir una cita. No tengo por qué estar avergonzada o asustada gracias a mujeres valientes que lucharon por hacer el aborto legal, haciendo públicas sus historias de vergüenza y terror, asegurándose que ninguna otra mujer muriera en un aborto clandestino o tuviera un bebé no deseado.

Nos estacionamos y caminamos a la entrada. No tuve que atravesar piquetes donde mi gritaran ‘asesina’, no tenía miedo de que me tiraran una bomba. La recepcionista toma mi nombre y me dice: “sólo tienes que hablar con un consejero primero”. No me molesta, supongo que es parte del proceso.

Le cuento al consejero que tenía ya cuatro hijos y no quería uno más. Tengo otros planes ahora. Ella entendió completamente y me dijo que me atenderían pronto. Ningún juicio, no me mostraron fotos de fetos, no intentaron hacerme sentir culpable. Ella sólo se quería asegurar que yo estaba segura de mi decisión. Y por supuesto, lo estoy.

Realmente no es tan malo; de hecho, no es más invasivo que los chequeos mensuales durante un embarazo. Son respetuosos, me pusieron bajo una sabana y me dijeron que mi esposo me podía recoger en poco tiempo y llevarme de regreso a casa. Estoy bien.

Nuestro seguro médico nos reembolsó la mayor parte de los costos del aborto. Porque tenía la suerte de tener la capacidad de hacerlo, envié ese cheque, por varios cientos de  dólares, como donación a Planned Parenthood. Estaba muy agradecida con la organización. Quería que Planned Parenthood tuviera la capacidad de seguir ofreciendo una gama de servicios médicos a todas las mujeres. 

Tener un aborto me liberó de la carga de una maternidad que no podía asumir y permitirme continuar siendo la mejor madre que podía ser.

Dos años después, estoy conduciendo sola al norte del estado. Miro hacia atrás y pienso que si no me hubiera hecho aquel aborto habría una silla de bebé al lado mío con un pequeño niño descansando tranquilamente, sabiendo que siempre estaría a salvo porque yo estaba a cargo.  Quizás sería una niña, me hubiera encantado tener una hija en mi familia.

Pero no estoy haciendo un duelo por su ausencia; no tengo ni he sentido el menor arrepentimiento por no traer ese bebé al mundo. Conozco mujeres que han sufrido mucho por los bebés que decidieron no tener y estoy agradecida de haberme evitado esa tristeza agonizante de la culpa y el arrepentimiento.  De igual manera, conozco muchas mujeres que, como yo, han sentido sólo gratitud y alivio por haber tenido la posibilidad de tomar control sobre sus vidas de forma segura y legal.

Ahora tengo 72 años de edad. Tengo cinco nietos y tres bisnietas, y deseo apasionadamente que ellos y ellas sean responsables y tengan el mismo derecho a decidir que yo  tuve.

Susan Heath es escritora. Vive y trabaja en Nueva York.

[Traducción nuestra.]  

            

4 de marzo de 2012

When States Abuse Women


Nicholas D. Kristof (The New York Times)

HERE’S what a woman in Texas now faces if she seeks an abortion.
Under a new law that took effect three weeks ago with the strong backing of Gov. Rick Perry, she first must typically endure an ultrasound probe inserted into her vagina. Then she listens to the audio thumping of the fetal heartbeat and watches the fetus on an ultrasound screen.
She must listen to a doctor explain the body parts and internal organs of the fetus as they’re shown on the monitor. She signs a document saying that she understands all this, and it is placed in her medical files. Finally, she goes home and must wait 24 hours before returning to get the abortion.
“It’s state-sanctioned abuse,” said Dr. Curtis Boyd, a Texas physician who provides abortions. “It borders on a definition of rape. Many states describe rape as putting any object into an orifice against a person’s will. Well, that’s what this is. A woman is coerced to do this, just as I’m coerced.”
“The state of Texas is waging war on women and their families,” Dr. Boyd added. “The new law is demeaning and disrespectful to the women of Texas, and insulting to the doctors and nurses who care for them.”
That law is part of a war over women’s health being fought around the country — and in much of the country, women are losing. State by state, legislatures are creating new obstacles to abortions and are treating women in ways that are patronizing and humiliating.
Twenty states now require abortion providers to conduct ultrasounds first in some situations, according to the Guttmacher Institute, a research organization. The new Texas law is the most extreme to take effect so far, but similar laws have been passed in North Carolina and Oklahoma and are on hold pending legal battles.
Alabama, Kentucky, Rhode Island and Mississippi are also considering Texas-style legislation bordering on state-sanctioned rape. And what else do you call it when states mandate invasive probes in women’s bodies?
“If you look up the term rape, that’s what it is: the penetration of the vagina without the woman’s consent,” said Linda Coleman, an Alabama state senator who is fighting the proposal in her state. “As a woman, I am livid and outraged.”
States put in place a record number of new restrictions on abortions last year, Guttmacher says. It counts 92 new curbs in 24 states.
“It was a debacle,” Elizabeth Nash, who manages state issues for Guttmacher, told me. “It’s been awful. Last year was unbelievable. We’ve never seen anything like it.”
Yes, there have been a few victories for women. The notorious Virginia proposal that would have required vaginal ultrasounds before an abortion was modified to require only abdominal ultrasounds.
Yet over all, the pattern has been retrograde: humiliating obstacles to abortions, cuts in family-planning programs, and limits on comprehensive sex education in schools.
If Texas legislators wanted to reduce abortions, the obvious approach would be to reduce unwanted pregnancies. The small proportion of women and girls who aren’t using contraceptives account for half of all abortions in America, according to Guttmacher. Yet Texas has some of the weakest sex-education programs in the nation, and last year it cut spending for family planning by 66 percent.
The new Texas law was passed last year but was held up because of a lawsuit by the Center for Reproductive Rights. In a scathing opinion, Judge Sam Sparks of Federal District Court described the law as “an attempt by the Texas legislature to discourage women from exercising their constitutional rights.” In the end, the courts upheld the law, and it took effect last month.
It requires abortion providers to give women a list of crisis pregnancy centers where, in theory, they can get unbiased counseling and in some cases ultrasounds. In fact, these centers are often set up to ensnare pregnant women and shame them or hound them if they are considering abortions.
“They are traps for women, set up by the state of Texas,” Dr. Boyd said.
The law then requires the physician to go over a politicized list of so-called dangers of abortion, like “the risks of infection and hemorrhage” and “the possibility of increased risk of breast cancer.” Then there is the mandated ultrasound, which in the first trimester normally means a vaginal ultrasound. Doctors sometimes seek vaginal ultrasounds before an abortion, with the patient’s consent, but it’s different when the state forces women to undergo the procedure.
The best formulation on this topic was Bill Clinton’s, that abortion should be “safe, legal and rare.” Achieving that isn’t easy, and there is no silver bullet to reduce unwanted pregnancies. But family planning and comprehensive sex education are a surer path than demeaning  vulnerable women with state-sanctioned abuse and humiliation.

16 de febrero de 2012

USA: What is missing?







This is what a committee hearing about birth control coverage looks like. What is missing? A woman. That's right, it is 2012 and men still feel the need to discuss our bodies without our input. This has to stop!
------------
Participantes/ponentes durante las vistas públicas en Estados Unidos sobre la cobertura médica de anti-conceptivos. Qué falta? mujeres. Sí, todavía en el 2012 hay hombres que continuan sintiendo la necesidad de discutir sobre nuestros cuerpos sin contar con nuestra opinión. Eso tiene que terminar!     

6 de febrero de 2012

"Obligar a las mujeres a dar a luz no es democrático"

MARÍA R. SAHUQUILLO
Madrid 1 FEB 2012
Tomado de El País

Jon O’Brien (Dublin, 1965) cree que la mayoría de los católicos no comparte las opiniones de la jerarquía del Vaticano sobre cuestiones como el aborto, la sexualidad o los anticonceptivos. “La gran mayoría de los católicos usan preservativo, tienen abortos, creen en la educación sexual de los niños...”, dice. Y ese mensaje, el de la diversidad de opiniones y de la libertad de elección según la conciencia de cada cual, es el que trata de enviar como presidente de la organización estadounidense Catholics for Choice (Católicos por el derecho a decidir).

Las visiones de la entidad sobre estos temas han chocado a veces con la de las instituciones. Una de sus campañas, que trataba de promover el sexo seguro -bajo el lema los buenos católicos usan preservativo- con carteles publicitarios colocados en autobuses de la EMT durante la visita del Papa a Madrid durante la Jornada Mundial de la Juventud en 2011, fue vetada. O'Brien, que se define como “catolico e irlandés”, sin embargo, insiste en el mensaje. Además, se muestra muy preocupado por los anuncios del cambio legislativo en España. “Las restricciones no terminan con los abortos; solo los hacen más injustos”.

Pregunta. ¿Cree que el aborto es un derecho?

Respuesta. Nosotros creemos en la libre elección de las personas. En el mismo centro de las enseñanzas y la moral católica está el respeto a seguir a la conciencia en las cuestiones de salud sexual y reproductiva.

P. El Gobierno cambiará la ley para volver a un sistema de supuestos.

R. Es una verdadera tragedia para España si se niega a los ciudadanos la libre elección. Supone un regreso a los momentos más negros de su historia. La ley actual confía en las mujeres y en las elecciones que toman cada día, los cambios propuestos tratan de juzgarlas ¿y quién tiene derecho a ello? Ese nuevo modelo, si se hace realidad, forzará a las mujeres a dar a luz; eso suena a un sistema no democrático más similar a la Rumanía de Ceaucescu, donde esa era la política.

P. Esa opinión difiere de la de la jerarquía católica.

R. En muchos países los católicos están en contra de las opiniones de la jerarquía eclesiástica sobre aborto o contracepción o sexualidad. Esa jerarquía, que traslada mensajes negativos y muchas veces insanos sobre el sexo y que nos presenta una visión sesgada del papel de la mujer en la sociedad, no representa a todos los católicos y es importantísimo que no fuercen su visión. Creemos que son los hombres y las mujeres quienes debemos tomar las decisiones morales respecto a nuestra propia vida. Y, en un país como España, donde además de ese factor existen otras creencias y diversidades, la lógica es que la ley apoye esa libertad de conciencia.

P. Los partidarios de la reforma dicen que protege al no nacido.

R. En términos médicos, morales, filosóficos o espirituales no sabemos cuándo el feto se convierte en persona; pero las mujeres son personas ya. Y debemos protegerlas. Las restricciones no funcionan más que como una fórmula de perpetuar las desigualdades entre ricos y pobres. Aquellos con posibilidades económicas siempre podrán encontrar un camino, los más pobres se arriesgan a abortos clandestinos e inseguros. No hay justicia social en eso.

P. Restringir entonces no siempre es proteger.

R. Puede incluso desarrollar un turismo del aborto, pero lo que deberíamos cuestionarnos también es qué lleva al Gobierno a tomar esas medidas que niegan el derecho de las mujeres a decidir. Estas políticas anteponen sus creencias personales convirtiéndolas en leyes sin permitir que el pueblo haga lo mejor, conforme le dicte su conciencia.