20 de octubre de 2011

Budismo y el derecho a decidir




Sandra M Laureano 

Participante del MAM
Facilitadora del Grupo Zen de Cupey

Cuando me ofrecí a escribir sobre el derecho a decidir y el budismo pensé que con ello aportaba al debate que garantiza el derecho de toda mujer a decidir sobre su cuerpo.  Aunque llevo sobre una década practicando y aprendiendo sobre el Budismo Soto Zen, nunca había indagado sobre la perspectiva budista y el aborto.

Una vez comencé a leer, a buscar información y a tener conversaciones con mi maestra y maestro me percaté de la complejidad del tema y la ausencia de una posición única al respecto en el budismo. Las diferencias que tenemos los seres humanos, sean de género, clase, raza, educación, práctica espiritual o afiliación religiosa son fuente de diferentes perspectivas sobre nuestro derecho a decidir.  El sistema montado, mantenido y dominado por los hombres, conocido como el patriarcado también contribuye a la complejidad de las decisiones de las mujeres sobre sus propios cuerpos.  Estas decisiones no han sido tradicionalmente hechas por las mujeres; siempre ha habido estructuras sociales, salubristas, económicas, religiosas y políticas que deciden por nosotras, de forma expresa o indirecta.

Además, la individualidad de cada una de nosotras abona a esta complejidad. Nuestras experiencias personales, nuestro desarrollo y crecimiento, el apoyo o la falta del mismo de parte de personas significativas y las condiciones concretas en las que nos encontramos en el momento de la toma de las decisiones; nuestra situación de salud, económica, de familia. Todos estos elementos juegan un papel en nuestra toma de decisiones, la posible combinación de todos ellos es infinita y las decisiones que podemos tomar en cada caso varían grandemente.

Considerando todo lo anterior, decidí presentar el tema de budismo y derechos dentro de los siguientes parámetros;

1. excluyendo los ataques innecesarios a las personas que mantienen otra visión, pero tratando de entender por qué mantienen una postura  absoluta en oposición al aborto,
2.  explicando el contexto budista de las acciones humanas y
3. reiterando nuestro derecho a decidir.

La visión absoluta
En un libro titulado The True Believer, Eric Hoffer explica la seguridad personal que brinda el creer en una verdad absoluta:
"Estar en posesión de una verdad absoluta es tener una red de conocimiento distribuida a través de toda la eternidad. No hay sorpresas ni incógnitas. Todas las preguntas han sido contestadas, todas las decisiones tomadas, todas las eventualidades previstas. El verdadero creyente no tiene asombro ni duda. La verdadera doctrina es la llave maestra para todos los problemas del mundo. Con ella el mundo se puede desmontar y volver a unir. "

El beneficio de creer en la verdad absoluta es que tenemos las respuestas necesarias para cada uno de los dilemas que nos presenta la vida. Hay pocas cosas que quedan bajo nuestra discreción y decisión. Cuando la doctrina determina qué hacer, cómo y cuándo hacerlo y el resultado que podemos esperar, la conducta humana se hace lineal y podemos evitar las inseguridades en la toma de decisiones difíciles.

Actuamos bajo un código moral donde las acciones quedan claramente definidas como buenas o malas, blancas o negras, nos llevan al seno del Señor o al infierno.  Para propósitos de este ensayo, no entraré en como lo que se considera verdad absoluta, como los escritos del Corán o de la Biblia, se ha interpretado de formas diferentes a través de la historia y en las diferentes culturas.

En un mundo tan complejo como el que vivimos, donde las acciones “malas” parecen predominar en la sociedad a través del trasiego de drogas, la corrupción, la violencia individual  e institucionalizada, el alza continua en la criminalidad, las mentiras, el engaño y el abuso, tener una visión lineal de lo que hay que hacer nos da cierta tranquilidad, cierto consuelo. Pero este tipo de “fe” evita que los seres humanos despertemos al sufrimiento que significa estar vivo/a y que encontremos formas solidarias de aminorar ese dolor.

El contexto budista
Al igual que todas las prácticas espirituales y religiosas, el budismo presenta una explicación de la vida, usualmente resumida en cuatro postulados que se conocen como las Cuatro Noble Verdades:
1. la vida es sufrimiento (no debe leerse como que somos víctimas), más bien estamos descontentos/as, inconformes, siempre pensando que necesitamos de otra cosa diferente a la que tenemos,
2. este sufrimiento, inconformidad ocurre porque tenemos apegos y rechazos; nos visualizamos aparte de los/as demás; tenemos preferencias y no queremos algunas cosas; siempre tenemos opiniones y visiones fijas sobre las cosas, las personas, los eventos, las acciones, nuestras y de los/as demás,
3. existe una manera en que podemos sobreponernos a este descontento continuo en nuestras vidas,
4. existe el camino óctuple que nos ayuda a entender cómo a través de él podemos eliminar la inconformidad y que nos conduce a la iluminación. Las    ocho prácticas del camino son: nuestra visión y pensamiento (relacionadas a la sabiduría), nuestra palabra, intención y modo de ganarnos la vida (relacionadas a la ética), el esfuerzo, la conciencia y concentración (relacionadas al entrenamiento de la mente).

Junto a este camino óctuple existen muchas otras guías para nuestro comportamiento en el budismo.  Lo importante es que no son imposiciones morales absolutas. En el budismo hablamos más sobre la sabiduría, la ética y el entrenamiento de la mente que sobre moralidad. Aspiramos a siempre ser sabios con una conducta ética que nos ayude a entrenar la mente. Para la mayor parte de las personas una vida no es suficiente para lograr caminar este camino hacia la iluminación y lograr ver la realidad tal cual es. Nos sirve de guía y de forma continua tratamos de reflejarlo en la vida diaria que nos toca vivir.

En contraste al absolutismo de los Diez Mandamientos, los preceptos budistas son una guía hacia la sabiduría que logra hacernos seres compasivos.

Thich Nhat Hahn, monje budista vietnamita, dice al respecto:

"No seamos idólatras, no nos atemos a ninguna doctrina, teoría o ideología, ni siquiera a los budistas. Los sistemas de pensamiento budistas son guías; no son la verdad absoluta.
No creas que el conocimiento que posees actualmente sea la verdad inmutable, absoluta. Evita ser de mente estrecha y forzada a los puntos de vista presentes. Aprende y practica el desapego de puntos de vista para poder estar abierto a recibir opiniones de los otros. La verdad se encuentra en la vida y no sólo en el conocimiento conceptual. Estate preparado para aprender a lo largo de toda tu vida y de observar la realidad en sí misma y en el mundo en todo momento. "

Precisamente porque la verdad se encuentra en la vida misma es que la intención adquiere una gran importancia. Según la tradición budista, lo que hace que una acción hecha a voluntad sea ética o no, es el estado de mente (intención) con el que se realiza. Es muy interesante que en la tradición Budista no se utilicen los términos bueno y malo que denotan moral, sino los términos Kusala (hábil) y Akusala (torpe) que indican sabiduría o ausencia de esta. Enfatizando así, que la ética dentro del budismo está más relacionada con la inteligencia y la compresión de la existencia, que con la moralidad.

Si nuestro estado de mente está basado en
  • Odio: entendiendo como odio, tanto el odio mismo, como estados mentales negativos tales como enfado, rabia, frustración, resentimiento…
  • Avidez: entendiendo como avidez no sólo la avaricia, sino también estados de deseo neurótico, ansiedad, descontento con todo, envidia…
  • Ignorancia: se refiere a no querer saber cómo son las cosas, a meter la cabeza en la tierra, al egoísmo separador, a la ignorancia espiritual (desde luego esta ignorancia no se refiere a la ignorancia académica o a la falta de conocimiento intelectual).
Si nuestras acciones están basadas de algún modo en estos estados, entonces son, tal y como dice el Dharma, torpes.

Por el contrario, si el estado de mente que sustenta nuestros actos están basados en:
  • Metta: es decir en estados mentales creativos, amables, bondadosos y claros.
  • Generosidad: tener en cuenta a otros (que no excluye el que te tengas en cuenta a ti), practicar el desprendimiento, la tranquilidad o no apego con las posesiones, y disposición de compartir, incluyendo a tu persona.
  • Sabiduría: que en último término es igual a la iluminación, pero que para los budistas tiene que ver con no ofuscación, con cierta apertura mental, con perspectiva amplia, con claridad de mente en vez de confusión…
Entonces nuestros actos son hábiles o creativos, o sabios.

La ética, que son las leyes que gobiernan los actos humanos hechos a voluntad, y que no necesita de ningún legislador que la aplique, ya que se aplica sola como cualquier otra ley natural, no nos viene dada desde el poder de un ser superior (Dios) ni como un fin en sí misma, ni con el propósito de recibir algún premio. Es una herramienta para el desarrollo humano y un filtro de nuestras energías, motivaciones, estados de mente, relación con los demás que actúa como purificador o refinería convirtiendo nuestro ser en más claro, ligero, limpio, y delicado.

El aborto
Al principio mencionaba los elementos que complican una discusión sobre el tema. En el budismo no hay una sola postura al respecto. Las diferentes ramas del budismo le asignan diferentes grados de importancia a nuestra  intención en el contexto de nuestras acciones. Lo que es igual en todas las ramas es que practicarse un aborto o participar en la provisión del servicio, atenta contra el precepto de no matar. En el budismo se considera que toda acción tiene una reacción, una consecuencia.

En la rama del Budismo Theravada se le otorga menos importancia a la intención con relación a la acción. Generalmente, el no cumplir con el precepto de no matar se considera una acción torpe, akusala.  La consecuencia por ende será diferente a si fuera a la inversa.

Por otro lado, en la rama del Budismo Mahayana, especialmente en la práctica que se conoce como Budismo Zen occidental, se le otorga un gran peso a la intención. Aquí el contexto lo es todo. En esta tradición la vida surge con la conciencia. Llevar a cabo un aborto no deja de ser problemático, pero la intención tiene su propio mérito ya que se busca lograr un bien. La consecuencia pudiera ser menor si la decisión es kusala.

Desde mi perspectiva como practicante del budismo y mi entendimiento de sus guías, concluyo que el aborto nunca es un bien no cualificado, nunca es una decisión fácil, pero puede ser la mejor acción posible dadas unas circunstancias particulares. La intención con la que se toma esa decisión puede hacerla kusala o akusala.

Creo que toda mujer debe tener la opción de poder tomar esa decisión. Creo que la política pública debe garantizar la vida, la salud y seguridad de la mujer y los centros que ofrecen el servicio. Creo que todas las personas debemos hacer el esfuerzo por entender la compleja y difícil decisión que tenemos que tomar las mujeres en algunos momentos de nuestras vidas. Y que realmente no tenemos forma de saber todas las razones que llevan a una mujer a tomar dicha decisión.  De esta manera permitimos la diversidad y complejidad de la vida humana y manifestamos la solidaridad, generosidad y compasión de la que todos y todas somos capaz.

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