7 de octubre de 2011

Día 9: Rebecca Gomperts y su lucha por el aborto sin fronteras

por Mayté Rivera Rodríguez*


Foto de Linda Nylind  (obtenida de guardian.co.uk)
Cada 8 minutos una mujer muere como consecuencia de un aborto realizado en condiciones insalubres y de forma ilegal.  Mujeres sobre Olas (Women on Waves) es una organización holandesa sin fines de lucro que se dedica, entre otras cosas, a proveer acceso al aborto seguro en países donde el aborto es penalizado legalmente. ¿Cómo lo hacen? A bordo de un barco en aguas internacionales.

La semana pasada tuvimos la oportunidad de conversar brevemente con la fundadora de la organización, la Dra. Rebecca Gomperts, quien nos habló sobre su lucha por el aborto sin fronteras como un asunto de salud pública y derechos humanos, el control de los medios por parte de los grupos antiaborto y el rol del activismo en la despenalización del aborto.

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A finales de la década del 90, una doctora holandesa llamada Rebecca Gomperts trabajaba en las campañas de la organización ambientalista Greenpeace a bordo del barco Rainbow Warrior II.  Gomperts, quien también se encontraba en proceso de entrenamiento para convertirse en proveedora de abortos en su país, vivió entonces una experiencia determinante para el rumbo de su trabajo y de su vida: en un viaje a varios países de Sudamérica comprendió, por la voz propia de mujeres latinoamericanas, cómo la penalización del aborto conduce a un serio problema de salud pública. “Realmente me sorprendió escuchar que era un tabú tan grande, que era un alarmante problema de salud para las mujeres y que era ilegal en muchos lugares… Algunas de las historias que escuché realmente me impactaron…”, dijo Gomperts, no sin antes aclarar que la situación del aborto en el mundo no había sido parte de su entrenamiento como doctora en los Países Bajos.

Alarmada por la situación, Gomperts conversó el tema con sus compañeras y compañeros a bordo del barco de Greenpeace.  Uno de ellos le comentó, sugestivamente, que si ella tenía un barco holandés, la ley holandesa –que no penaliza el aborto– regiría las actividades del barco en aguas internacionales.  Fue en ese instante donde surgió la audaz y compleja idea que convertiría a Gomperts en una de las principales activistas internacionales del movimiento pro-choice: desarrollar una clínica flotante en un barco registrado en los Países Bajos; llevar ese barco a países donde el aborto es ilegal; y proveer abortos no quirúrgicos seguros y gratuitos en aguas internacionales (a 12 millas de la costa) a aquellas mujeres que quisieran interrumpir un embarazo no deseado.


De regreso a su país, Gomperts se asesoró con abogados e investigó y planificó asuntos importantes como cuáles serían las posibles fuentes de financiamiento y cómo podrían lograr acuerdos de colaboración con organizaciones de mujeres en otros países.  Y así nació en 1999 la organización Mujeres sobre Olas (Women on Waves).  Aunque el deseo de Gomperts era llevar a cabo su primera campaña en Sudamérica, África o Asia, y llegó a realizar esfuerzos en Chile y Perú para que el estreno fuese en alguno de esos países, por razones prácticas Irlanda fue seleccionado como el primer país a visitar. Así, en el 2001, en una nave llamada Aurora equipada con una unidad ginecológica móvil habilitada para realizar abortos, Gomperts zarpó hacia Irlanda junto a otras profesionales voluntarias.  Las acompañaban varias dosis de la pastilla abortiva RU-486 (mifepristona), condones, dispositivos intrauterinos y pastillas del día después.

Con el viaje a Irlanda, Mujeres sobre Olas inició una travesía que incluiría viajes a Polonia, Portugal y España. Como era de esperarse, en cada una de esas visitas la organización tuvo que navegar en contra de la corriente, pues se enfrentó a dificultades y controversias generadas por quienes se oponen a su trabajo.  Cuando iban de camino a Irlanda, por ejemplo, el gobierno holandés expresó que la unidad móvil carecía de una licencia.  Aunque Gomperts aseguró que la licencia sólo era necesaria para realizar abortos en embarazos de más de 6 semanas y media, el señalamiento del gobierno holandés fue suficiente para desalentar a las organizaciones irlandesas que colaboraban con la campaña de Mujeres sobre Olas, de forma tal que al final acordaron que no se realizarían abortos en el barco.  Esa sería una primera muestra de las presiones externas dirigidas a alterar los objetivos de la organización.

En Polonia, la embarcación no sólo tuvo que resistir ataques de huevos y pintura roja por parte de grupos antiaborto, sino que además Gomperts enfrentó acusaciones criminales que posteriormente fueron desestimadas. Por su parte, en Portugal, el gobierno les bloqueó la entrada con dos buques de guerra por entender que representaban una amenaza a la seguridad nacional, cosa que ocasionó que la Corte Europea de Derechos Humanos resolviera en el 2009 que ese país había violado la Convención Europea de Derechos Humanos con su actuación.  En España, por otro lado, tuvieron que luchar contra dos hombres que, montados en un bote neumático (“dinghy”) y utilizando una soga, intentaron remolcar el barco de Mujeres sobre Olas para impedir que anclara en un puerto de Valencia, mientras que las españolas que apoyaban a la organización y que se encontraban en el puerto halaban otra soga para evitar el remolque.  Un video que documenta esta última visita muestra cómo Gomperts, tras varios minutos de tensión y lucha con los oficiales del puerto, encuentra un cuchillo a bordo, corta la soga de los oficiales y logra liberar la nave.  Ello genera aplausos de los grupos que acudieron al puerto en apoyo de la organización y Gomperts responde saludando a la multitud. 

¿A qué se debe esa actitud invencible demostrada en situaciones cómo la que se dio en Valencia?, le pregunto.  Con un tono firme, como queriendo dejar claro que sus convicciones no están en juego, me contesta: “Creo que es simplemente el compromiso que hacemos todas juntas… Creo que tiene que ver con sentirnos muy fuertes respecto a lo que creemos y que no nos echaremos para atrás. Pienso que eso es realmente lo que nos motiva fuertemente a todas, que realmente creemos, primero que nada, que lo que hacemos es legal, y si no lo fuera aún tendríamos el derecho a hacerlo porque esto es un asunto de derechos humanos y justicia social.” 

Aunque cada una de las campañas de Mujeres sobre Olas ha involucrado circunstancias particulares, su elemento común es el exitoso impacto mediático que han tenido y cómo ello, a su vez, ha operado como un agente catalítico para fortalecer los movimientos pro-choice locales.  En Irlanda, un año después de la visita de la organización, se celebró un referéndum mediante el cual se propuso enmendar la constitución de ese país para reforzar la prohibición contra el aborto. El resultado fue la derrota de la enmienda propuesta por un estrecho margen, cosa que en parte se atribuye a los esfuerzos del movimiento irlandés pro-choice tras la visita de Mujeres sobre Olas.  En Polonia, una encuesta reveló que la cantidad de personas que apoyaban el derecho al aborto aumentó notablemente tras la visita de la organización.   En Portugal, la visita de Mujeres sobre Olas en el 2004 contribuyó a que el aborto fuese uno de los temas debatidos en las elecciones del año siguiente, hasta que en el 2007 fue despenalizado. Por último, en España, país que la organización visitó en el 2008, el aborto fue legalizado en el 2010.

Sucesos como esos reflejan los avances que se pueden hacer en dirección hacia la despenalización del aborto cuando el activismo pro-choice logra visibilidad en los medios.  De acuerdo con Gomperts, existe un enorme apoyo subterráneo al derecho al aborto, silenciado por la autocensura y por el control de los medios por parte de grupos antiaborto.  En este sentido, la coyuntura mediática es vital para lograr apoyo al movimiento pro-choice pues, según explica la doctora, “si la gente siente que su entorno está en contra del aborto, es menos probable que apoyen el aborto, así que cuando se crea apertura, cuando se crea espacio para hablar sobre el tema, la gente ve que la realidad es distinta…”  Ello implica, a su vez, cambiar el discurso sobre el aborto como un asunto “defensivo” a un asunto de derechos humanos y adoptar estrategias proactivas en lugar de sólo reactivas.

Aparte del efecto mediático, las campañas con el barco también han logrado un fuerte impacto educativo sobre los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres.  Además de las campañas educativas llevadas a cabo por las voluntarias del barco, éste también porta letreros grandes que contienen un número telefónico que corresponde a la línea de ayuda de la organización. A través de ese número, que es difundido por los medios de comunicación como parte de las reseñas del evento, se puede obtener información detallada sobre el fármaco misoprostol y su uso como píldora abortiva. 

Sin embargo, la realidad es que el efecto concreto de estas campañas sobre las mujeres que necesitan abortos seguros es muy reducido debido a la capacidad limitada del barco para proveer servicios.  Justamente, en respuesta a las peticiones de ayuda de muchas mujeres alrededor del mundo que solicitaban un aborto seguro, Gomperts decidió entonces crear otra organización, Mujeres en la Red (Women on Web). Ésta se dedica, principalmente, a proveer servicios de aborto médico seguro a través del internet, enviando las píldoras mifepristona y misoprostol por correo a aquellas mujeres cuyos embarazos no exceden las 9 semanas y que no tienen acceso a los medicamentos o a un aborto seguro en su país.    

A través de su portal, Mujeres en la Red provee información detallada sobre el procedimiento de aborto médico o farmacológico.  La iniciativa cuenta con líneas telefónicas de ayuda (“hotlines”) en países donde el aborto está penalizado pero es posible obtener los medicamento misoprostol y mifepristona, incluyendo a Argentina, Chile, Ecuador, Indonesia, Pakistán, Perú y Venezuela. Estas líneas son administradas por organizaciones locales que han sido entrenadas por la organización de Gomperts sobre aspectos médicos y legales del uso de misoprostol y mifepristona.  Su propósito es proveer a las mujeres interesadas información sobre los fármacos, cómo obtenerlos y cómo inducirse un aborto seguro.  Si los fármacos no están disponibles en el país de origen de la paciente, entonces la línea de ayuda la refiere al servicio de ayuda en línea de Mujeres en la Red que, tras realizar una evaluación médica electrónica y orientar a la paciente, gestiona el envío de las pastillas por correo. 

El servicio electrónico de Mujeres en la Red está compuesto por una cadena de mujeres alrededor del mundo que contestan 8,000 consultas electrónicas al mes en 7 idiomas distintos.  Está disponible para aquellos países donde no hay acceso a un aborto seguro, independientemente si ese país cuenta con una línea de ayuda telefónica o no. Debido a que la organización es quien gestiona el envío de las pastillas, no existe riesgo de que la paciente sea timada mediante el envío de pastillas falsas.  Asimismo, como parte del procedimiento se le da apoyo y seguimiento médico a la paciente en todas las etapas. Aunque siempre se solicita una donación por el servicio, éste es gratuito para aquellas que no pueden pagarlo.

El trabajo de Mujeres en la Red no ha enfrentado gran oposición, excepto por parte del propio gobierno holandés.  De hecho, pocos días antes de entrevistar a Gomperts, el gobierno holandés –que en el pasado rechazó el trabajo de Mujeres sobre Olas y solicitó el inicio de investigaciones criminales– expresó a través de su Ministra de Salud que el uso de píldoras abortivas obtenidas vía internet constituía un grave riesgo para la salud.  Una de las ginecólogas de Mujeres sobre Olas le salió al paso con un comunicado de prensa en el cual catalogó el asunto como “alarmismo innecesario” y expresó que la Ministra haría bien en concentrarse en mejorar el acceso al aborto farmacológico y en el suministro de información objetiva por parte de las clínicas de aborto.

Gomperts señala que el trabajo de Mujeres en la Red se basa en una investigación científica en la cual participó y en datos objetivos que demuestran que el uso de la telemedicina para proveer misoprostol y mifepristona es seguro. Aparte de ello, según explica, el aborto mediante este método es un proceso más sencillo y ofrece más participación independiente a la mujer que los abortos quirúrgicos.  Una de las fallas señaladas a los sistemas de salud es la jerarquía médico-paciente, donde suele ocurrir que el(la) médico(a) proyecta sus juicios valorativos y se encuentra en una relación de poder o paternalista frente a la paciente. En ese sentido, el uso de pastillas abortivas en el hogar rompe esos esquemas que, si bien pueden ser inconscientes, tienen que ver con la idea de control sobre la mujer. De hecho, una de las campañas educativas de la organización consiste en proveer instrucciones detalladas sobre el uso de misoprostol, en un formato imprimible a manera de “sticker” que luego puede ser colocado en lugares públicos. “Las pastillas le dan a la mujer la opción de decir ‘esta es mi decisión, por la razón que sea, sin importar si alguien está de acuerdo o no, no tengo que convencer a nadie más’…”, indica Gomperts. Por esa razón, opina que los abortos mediante fármacos no deben estar en manos de doctores ni personal médico, sino en manos de las propias mujeres.

Ello explica la selección de las estrategias poco tradicionales adoptadas por Gomperts en ambas organizaciones.  Mi pregunta sobre si alguna vez consideró una estrategia de activismo más tradicional al problema de la penalización del aborto, como por ejemplo a través de cabildeo legislativo, le provoca una reflexión en la cual concluye: “Lo que pienso sobre el aborto médico, sea legal o no, hayan profesionales médicos o no, es que las mujeres pueden hacerlo ellas mismas. ¡Qué alivio! ¡Que táctica maravillosa y revolucionaria! … Aún en algunos países donde el aborto es ilegal la misoprostol es muy barata y se puede comprar en cualquier farmacia, así que el esfuerzo debe ir dirigido a que las mujeres sepan sobre eso y asegurarse de que cada mujer tenga acceso a esa información. Creo que eso tal vez es esfuerzo y dinero mejor invertido que intentar legalizar el aborto, porque la legalización a menudo viene con restricciones… casi no hay países donde [el aborto] sea realmente accesible y disponible para todo el mundo.”  No obstante, Gomperts recalca enfáticamente que todas las estrategias son necesarias y que es importantísimo que se trabaje por la legalización del aborto porque se trata de un derecho.  “Se necesitan todas las estrategias, pero la nuestra es muy concreta y directa: asegurarnos que las mujeres tengan acceso a la información y a las pastillas. … No hacemos cabildeo directo con los gobiernos pero los grupos con los que trabajamos sí lo hacen”.

Naturalmente, el trabajo de Gomperts y de sus compañeras ha sido cuesta arriba y no ha estado exento de críticas. Aparte de enfrentar investigaciones criminales, Gomperts ha sido objeto de la usual censura de parte de integrantes del movimiento antiaborto, quienes en una ocasión “hackearon” la página web de Mujeres sobre Olas e incluso han afirmado que Gomperts es una mujer peligrosa, una “pirata” y que necesita ayuda psiquiátrica.  Pero ni eso ni los obstáculos que surgen en las campañas desenfocan a la activista o a su equipo. Lo que la motiva es la gratitud de aquellas mujeres que han podido utilizar sus servicios. “Esa es nuestra realidad, las mujeres que necesitan apoyo… no los insultos de cualquier persona”, señala Gomperts.  Su activismo férreo a favor de los derechos reproductivos de la mujer la han hecho merecedora de varios galardones a nivel internacional.

La próxima campaña en el barco de Mujeres sobre Olas, cuyo último viaje fue en el 2008, será el año que viene.  Al preguntarle a Gomperts cuál será el país visitado, sonríe y me dice en tono travieso que aún no se sabe.  Luego, al descubrirme observando el contenido en manuscrito de varias cartulinas colgadas en la pared vuelve a bromear y me advierte: “¡Ese es nuestro plan estratégico y es secreto!” Me despido con los típicos tres besos holandeses y al salir, alcanzo a leer una de las consignas del plan estratégico que sin duda es el norte de Gomperts y de su grupo en su trabajo: “feminismo práctico”.
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*La autora es una abogada puertorriqueña egresada de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico. Recientemente obtuvo una Maestría en Derecho (LL.M) de Columbia Law School en Nueva York, ciudad donde trabajó con víctimas de violencia de género. Actualmente reside en Holanda. 


3 comentarios:

  1. Dios ten misericordia de ella, que NO sabe lo que hace! Orare mucho por ella y por todos los pro-aborto (asesinos)

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  3. Fantástico artículo¡¡¡
    Lo único que se consigue es que sigan muriendo más mujeres por acudir a la clandestinidad. el aborto tendría que ser libre y legal en todo el mundo
    www.clinicasabortos.com

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